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La vocación por pensar en los demás

FAMILIA BATTRO

Una ONG formada por cuatro familias y encabezada por Billy Battro realiza acciones sociales: la más notoria es su Chocleada anual

«Todo consiste en juntar las necesidades con gente que puede aportar algo», afirma Billy Battro, sin buscar fundamentos complejos. En su vocación por pensar en los demás, uno de sus lemas es «cambiemos lo que podamos cambiar» y para eso dice que alcanza dedicar «una mañana por semana, o solo una mañana por mes».
«Las acciones que llevamos adelante parecen un montón de trabajo, pero no lo es. Es apenas dedicarle un ratito. En los barrios privados de la zona viven unas mil familias. Y si logramos que algunos de ellos participen un poco, una mañana por mes, son cosas que aportan mucho», asegura.

Battro, que en realidad se llama Guillermo pero desde siempre es conocido como Billy, es un empresario agropecuario de origen argentino que, junto a su esposa e hijos y otras tres familias formaron la ONG Cultivando Lazos, que lleva adelante varias iniciativas con hondo contenido social. La más conocida es la Chocleada, que este año tendrá su décima edición. Todo lo que se hace se sube a las redes sociales para que el público esté bien informado.

LA CHOCLEADA 2019, NOVENA EDICIÓN. Lucas Battro, Pedro Sciarra, María Inés Battro, Belen Battro, Billy Battro, Fran Battro, Loli Battro, Flor Madero, Matías Battro, Ale Russo y Nacho Martínez.

Allí están las dos familias Battro, la de Billy y la de su hermano Diego; los Russo, también argentinos, y los González, uruguayos. «Somos una gran familia. Además de reunirnos para comer un asado y tomarnos una cerveza, nos gusta juntarnos para hacer cosas para la gente con mayores necesidades que las nuestras», asegura Billy, que vive desde hace 20 años en La Tahona, a poca distancia de su complejo de campos deportivos Battro Fields.

Cada integrante de esas familias fue aportando lo suyo, pero cuando comenzaron a crecer y contratar personal fue necesario armar la ONG Cultivando Lazos. Colabora también el personal de El Cabelludo, la empresa agropecuaria de Battro, como lo hacía el de su anterior emprendimiento deportivo. «Para ellos también es un plus participar, junto a sus familias, sus hijos, en estas acciones. Porque todo suma», comenta.

DE LA CRUZ DE CARRASCO…

¿Cómo empezó todo? Hace 25 años que Battro llegó al país. Al comienzo desarrolló un emprendimiento, el Fútbol 5 Estrellas, una cancha de fútbol 5 en la Avenida de las Américas. Además de alquilarlo para partidos, se festejaban allí cumpleaños todos los días, destinado a un mercado de alto poder adquisitivo. «Un día con mis hijos nos preguntamos por qué no dar una oportunidad a otros chicos. Estábamos en contacto con la fundación Madres de la Cruz, de una zona muy humilde cercana a la Cruz de Carrasco. Y empezamos a festejar, el último viernes de cada mes, el cumpleaños de esos niños. Los organizábamos con amigos de mis hijos y se fueron así involucrando sus familias», relata.

Sacar a los chicos de su entorno y llevarlos a otro lado a celebrar les hacía mucho bien, por lo cual decidieron replicarlo una vez por semana. Así nació el Proyecto Deportes. Se los pasa a buscar en un ómnibus y en el 5 Estrellas le dan clases de fútbol a los varones y de hockey a las nenas.
Cada paso llevó a otro. Y en ese camino llegaron a la Colonia Nicolich y armaron el taller Los Nicolitos para jóvenes discapacitados. Los van a buscar los martes y los llevan al taller, donde realizan expresión plástica pero también reciben merienda, atendiendo sus necesidades.

También impulsan acciones en la Escuela 47, por ejemplo con donación de materiales o el desarrollo de una huerta ecológica (ver aparte). Y hasta brindaron un curso de nutrición y cocina sana durante todo 2018 para las madres del CAIF de Villa Tala.

… A LA CHOCLEADA

«La Chocleada no la inventamos nosotros, vino de Argentina –recuerda Battro–. Hace diez años, gente de mi país nos ofreció la posibilidad de organizar una en Young, ya que me conocían de mis explotaciones agropecuarias en la zona. Y así hicimos una primera experiencia con un éxito enorme. Con mi hija Belén armamos grupos en las escuelas públicas para que nos contaran cuáles eran las necesidades del pueblo. Algunos dijeron ‘apoyar el asilo de ancianos’, otros ‘pintar la escuela’. Al final decidimos apoyar al Centro Esperanza para discapacitados, que funcionaba en un local muy chico. Un particular donó un terreno propio y con los 25.000 dólares recaudados el centro se mudó a ese lugar. ¿Y por qué no hacer la Chocleada en Montevideo?, pensamos. Muchos dijeron que iba a ser imposible, pero arrancamos en un terreno sobre el camino Gonchi Rodríguez y también resultó un éxito. Y se sigue haciendo todavía. Este 2020 será la décima edición».

La actividad se realiza alrededor de Semana Santa, según la fecha de maduración del maíz. La Tahona cedió dos hectáreas para plantarlo y colabora también con gente para el día de la cosecha. La empresa El Cabelludo pone todo lo referente a la siembra y el manejo del cultivo de maíz.

En la cosecha participan unos 350 voluntarios, de muy diversas edades y condiciones: jóvenes y adultos, chicos de colegios privados y de escuelas públicas, Centros CAIF, empresarios y empleados, los Nicolitos… Los vecinos colaboran también, algunos prestan un tractor o una zorra. Luego, otro grupo de voluntarios carga los cerca de 80.000 choclos que se producen y los distribuyen, el mismo día, a unas cien instituciones beneficiarias: centros CAIF, comedores, orfanatos, cárceles. «Y como cierre del evento nos juntamos todos a comer choclos y comentar la experiencia vivida en el mismo lugar…», dice.

«Las chocleadas permiten la colaboración de empresas, que cumplen su día de acción social: viene su personal a colaborar y las empresas aportan un capital que usamos para sostener todas las otras actividades durante el resto del año», señala Battro.

Un objetivo de las chocleadas «es lograr vínculos con gente de la zona sin importar la condición social», asegura. «Por ejemplo, participan funcionarios de seguridad de La Tahona y también propietarios. En la cosecha se genera un vínculo que va más allá del original. Se rompe esa barrera y a través de charlas se conocen las necesidades de todos, de la escuela, del barrio, de los CAIF, y así se va integrando a toda la comunidad. Se evita el estar encerrados, sin saber lo que pasa a nuestro alrededor. Estas acciones permiten integrar», enfatiza.

La idea de Cultivando Lazos es seguir creciendo. Una necesidad que se advierte para 2020 proviene del crecimiento de la Escuela 47, que de 90 alumnos pasó a tener 280 y de ser de medio horario ahora es de horario completo.

Entre los planes figura armar un proyecto de deportes igual que el de la Cruz, para que concurran chicos al complejo a hacer deportes. Battro puntualiza que la relación con La Tahona es muy buena. Por ejemplo, les prestan un salón para los Nicolitos. «Están muy integrados a las acciones sociales», dice.

LA HUERTA Y SU INVERNADERO

Todos los años, los Battro y sus amigos ponen especial foco en alguna acción. Este año es la huerta de la Escuela 47 del Camino de los Horneros. «La idea era tener una huerta ecológica, sustentable, y que la escuela se distinguiera por eso. Apuntamos a que se convierta en una escuela modelo», explica Battro.

El proyecto forma parte de las iniciativas que han cambiado mucho la escuela en los últimos años. Los 280 chicos almuerzan allí todos los días y mucho de los productos que consumen salen de su huerta.

La ONG Cultivando Lazos aporta una profesora que da clases de horticultura a las maestras y alumnos. Además, recibe apoyo institucional a través de un acuerdo con el Instituto de Semillas del Uruguay. «La idea es juntar a todos los que pueden ayudar», indica Battro. «Uno empieza preguntando sobre sus necesidades y se termina haciendo amigo del personal de la escuela, por ejemplo».

Ahora se está construyendo un invernadero con bidones de plástico vacíos donados por los vecinos. La iniciativa ha entusiasmado a muchos residentes de la zona y su aporte se puede ver en el crecimiento del invernadero.

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