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Vivir en una cancha de golf

LA TAHONA GOLF CLUB

Una urbanización con una cancha de 18 hoyos adentro pareció una idea imposible hace casi 30 años, pero es una de las razones del éxito de La Tahona

La Tahona hoy es un nombre de referencia entre los barrios privados de Canelones y, al mismo tiempo, un club de primer nivel en el golf uruguayo, pero hubo un tiempo en que un proyecto de urbanización con cancha de golf pareció poco más que una idea excéntrica. Pero el emprendimiento inmobiliario y el deporte caminaron juntos hasta la realidad del presente: cientos de familias viven hoy en alguno de los barrios que llevan como «apellido» la denominación La Tahona y el club es el único del país con dos campos de golf.

Las dos caras del proyecto que los emprendedores Leandro Añón y Enrique García de Zúñiga lanzaron a comienzos de la década de 1990 son inseparables, pero aquí se contará la parte golfística de la historia. Porque cada cancha de golf es un pequeño mundo de 18 (o nueve) hoyos, con una personalidad propia, que surge de la imaginación de sus diseñadores, exige una cuidadosa construcción y después de inaugurada sigue creciendo y desarrollándose.

A fines de 1992, Añón y García de Zúñiga convocaron un amplio equipo para ejecutar el proyecto de La Tahona: el arquitecto Samuel Flores Flores para la urbanización; el arquitecto Jorge Armas y el ingeniero Enrique Muñoz para diseñar la cancha, con la coordinación de Federico Armas.

En aquel entonces, Muñoz era responsable del cuidado y mantenimiento de varias canchas: el Club de Golf del Uruguay, el Club de Golf del Cerro y Cantegril, y pronto se haría cargo también de La Barra G.C. Cuando Jorge Armas lo invitó a colaborar con él para La Tahona, sintió que podía cumplir «el sueño del pibe»: crear un campo de golf. Debe decirse que en esos años existían apenas cuatro en Uruguay, casi todos relativamente antiguos.

Jorge Armas, hoy fallecido, tenía mucha experiencia como golfista, fue presidente de la Asociación Uruguaya de Golf y capitán de Uruguay en la Copa Los Andes, el Sudamericano de este deporte. Además, era un jugador de primera categoría, con un admirado swing. En setiembre de 1998 Armas y su hijo Jorge Diego ganaron la Copa Fernando Valdez en Punta Carretas, un torneo por equipos muy tradicional: fue el primer título para La Tahona Golf Club.

Mucho tiempo antes de eso, Muñoz y Armas visitaron un predio en el Camino de Los Horneros donde se planificaba una urbanización con cancha de golf en la zona, que al final no caminó. Pero enseguida les llamó la atención uno vecino: ese era «ideal para el golf», se dijeron.

«El terreno era divino, con ondulaciones, quebradas, una cañadita con piedras. Y era un campo trabajado, no un chircal. Había una estancia, en una zona de chacras y campos cultivados. La base del club house ya estaba, en muy buen estado. Y también la casa del capataz, corrales, caballos, ganado, tractor, praderas…», recuerda Muñoz.

«La Tahona es vivir en un paisaje, lo cual recoge el sentido urbanístico de Samuel Flores. Esa fue la idea con la cual arrancamos el proyecto y así se dio. Yo no era golfista, jugué al rugby en Los Cuervos aunque a veces acompañaba a mis suegros los Barfod a jugar al golf. Como suele ocurrir, nos encontramos con el ‘no se puede’ cuando arrancamos. Sobre todo nos decían que con golf en el barrio el mantenimiento iba a ser muy caro», señala Añón, presidente tanto del club como de la urbanizadora La Tahona.

Cómo se hizo

Había tres posibles modelos para armonizar el deporte con la urbanización: la cancha por un lado y las casas por otro, la cancha al centro y a sus costados las casas o, como se hizo, con golf frente a todas las casas, en un cuidadoso entretejido. Con esta posibilidad se maximizaba el frente de cada parcela y se incrementaba su valor. Claro que fue necesario adaptar la idea al terreno, porque la topografía del predio incidía mucho.

Allí empezó el intercambio entre los diseñadores del golf y el urbanista para establecer criterios sobre los espacios verdes, incluso para que fueran seguros para cada propietario, y la necesidad de metros cuadrados para que el proyecto resultara viable económicamente. «Los dibujos iban y venían entre nosotros y Flores. Fue una negociación entretenida y a veces dura. El proyecto salió muy enriquecido de ese intercambio», comenta Muñoz. Añón, por su parte, asegura: «Contamos con grandes profesionales que ‘pelearon’ entre ellos para poder hacer lo que se logró, un proyecto único e irrepetible».

Una de las consecuencias de ese intercambio entre Armas, Muñoz y Flores fue que en La Tahona no hay caminos rectos y entonces quien circula por allí puede tener una visión de la cancha todo el tiempo. De la misma forma, los fairways (es decir, el recorrido que lleva a cada hoyo) son muy anchos, para minimizar el efecto de los tiros desviados. Y hay fuera de límites a cada lado, algo poco usual. La cancha ocupa 55 hectáreas, una superficie considerable (la de Punta Carretas, por ejemplo abarca unas 38 hectáreas). Pero no es larga para los cánones actuales: alrededor de 6.500 yardas, con par 71. El espacio destinado a los solares privados es de unas 45 hectáreas, con más de 360 residencias en el presente.

La idea original fue desde el comienzo contar con 18 hoyos, pero comenzó a funcionar con nueve, porque el trazado se iba desarrollando a medida que crecía el proyecto urbanístico. El material extraído para hacer caminos y cunetas se destinó a tees y greens (los puntos de salida y llegada en cada hoyo). Eso permitió reducir costos porque el mayor gasto de la construcción de una cancha lo representa el movimiento de tierra.

El sistema de riego automático para la cancha facilitó el saneamiento de toda la urbanización y facilitó la aprobación del proyecto con todos los permisos nacionales y municipales. La planta propia permite que se riegue la cancha con agua de la propia comunidad.

Las obras empezaron en abril de 1994. Lo primero que estuvo pronto fue un pequeño circuito formado por los primeros cuatro hoyos, más una parte del futuro hoyo nueve. Jorge y Federico Armas fueron los primeros que jugaron allá por el otoño de 1996.

«Ver crecer la cancha fue una satisfacción importante. Cuando estaban prontos esos cuatro hoyos nos dijeron: ‘Vamos que seguimos’. Las ventas iban bien y el propio proyecto nos fue empujando a seguir. Todos los materiales que usamos los mandamos analizar a Estados Unidos porque queríamos lo mejor y eran de primera. Los greens ya tienen 25 años y funcionan muy bien. Tienen un excelente drenaje», comenta Muñoz.

Desde que se empezó a construir la cancha el golf evolucionó vertiginosamente, tanto en la tecnología de los palos como en el entrenamiento de los jugadores. Para los jóvenes, ningún hoyo parece largo, porque pegan muy fuerte. Para un jugador amateur medio la cancha es más difícil, con sus lomas, sus fuera de límites y su obstáculo de agua. Pero en general el trazado es apto para todo tipo de jugadores. Una idea que se maneja actualmente es dotarlo con más tees, de manera que los jugadores tengan más opciones a la hora de salir a jugar.

La relación de la cancha con los vecinos es buena. Al principio muchas pelotas caían en los jardines, pero eso se fue solucionando a medida que crecieron los árboles, que se convirtieron en límites naturales.

Años más tarde se agregó la cancha de nueve hoyos de par tres, también diseñada por Armas y Muñoz. Es la única del país con esas características: son hoyos cortos, que obligan a tiros muy precisos y no a largos «palazos».

«Esa cancha sirve para la escuela de golf y para los principiantes, que pueden sentirse intimidados ante las dimensiones de una cancha de 18 hoyos. Ahí se aprende divirtiéndose, sobre todo algunos golpes que son decisivos en cualquier campo. También para el que quiere jugar informalmente si la de 18 hoyos está ocupada algún campeonato», explica Marcelo Tobler, gerente de golf y deportes de La Tahona.

Los fines de semana juegan en La Tahona entre 300 y 350 personas durante la temporada alta, el resto de los días unos 150. Participan socios y no socios, porque todos los torneos son abiertos, aunque los asociados tienen beneficios cuando se inscriben.

El principal torneo de su calendario se disputa en octubre: el Abierto de La Tahona, que dura tres días, al cual se invita a los principales jugadores uruguayos y también a extranjeros. También se destacan el Campeonato del Club, así como los torneos Apertura y Clausura. Además, hay certámenes con patrocinadores todos los fines de semana. Y recibe periódicamente alguno de los campeonatos nacionales organizados por la Asociación Uruguaya de Golf: en 2020 será el Mid Amateur para mayores de 25 años.

«La Tahona se ha caracterizado por promover golfistas. Tiene especial atención por la categoría de principiantes, presente en todos los torneos”, señala Tobler.

El golf cuenta asimismo con driving range, green de práctica y su escuelita, para sumar chicos al juego. Por otra parte, La Tahona ya es un club deportivo, con tenis, gimnasio, piscina, ballet, spinning, karate y se encara un proyecto de baby fútbol a través de un convenio con Battro Fields».

La realidad de hoy

«Alister Mackenzie, el mayor diseñador de golf de la historia, decía que uno de los distintivos de una cancha es que la gente se acuerde de sus hoyos. Hay algunas donde los hoyos son todos iguales, pero en La Tahona cada uno es diferente del otro. Por ejemplo, el par cinco del hoyo 14 presenta la singularidad de un árbol en medio del fairway. Allí existía un monte que se taló, pero optamos por dejar uno para darle al recorrido un toque especial. Mucha gente comenzó a jugar al golf en La Tahona y lo sigue haciendo. Todo esto se logró con una inversión moderada, gracias al proyecto total de la urbanización», enfatiza Muñoz.

«No hay vanidad en decirlo, pero el proyecto quedó como lo soñamos. Se cumplieron los objetivos. La gente vive en un paisaje y tenemos una cancha en serio, de dificultad media, con sus fuera de límite, sus lomas, agua, con 15 o 20 metros de diferencia entre diferentes puntos. Y hoy debe haber sin dudas el doble de golfistas que cuando empezamos. Y Lomas tiene un diferencial de precio gracias a la cancha», asegura Añón.

Lomas de La Tahona fue la primera. Luego vinieron Altos de La Tahona, con su cancha de nueve hoyos par tres, Viñedos de La Tahona. Chacras de La Tahona y Mirador de La Tahona, comercializados en más del 90%. Y hay más proyectos para el futuro en la zona.

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