Publicidad Por Zonabarrios
DestacadaZona de Vecinos

Ejercitando la razón con Magdalena Reyes Puig

Magdalena es filósofa y psicóloga clínica. El ejercicio de sus profesiones pasa por las aulas, su consultorio, charlas o cafés filosóficos y también se despliega en medios de comunicación donde tiene espacios periódicos como su columna en FM Del Sol o su contrapunto semanal en diario El Observador. «En todos los ámbitos donde ejerzo profesionalmente hago como una conjunción, no puedo separar mis dos profesiones. En mi trabajo como psicóloga clínica me nutro mucho de la filosofía y también en mi trabajo como docente, en mis columnas en El Observador, en la radio FM Del Sol y en los diferentes ámbitos donde me desempeño siempre están mis dos profesiones muy unidas e interactuando entre sí. De hecho, la filosofía y la psicología son muy afines», subraya nuestra vecina destacada de esta edición.

Filosofía para vivir

La primera carrera que estudió fue la licenciatura en Filosofía, según nos cuenta «cuando salí del bachillerato entré en la Facultad de Humanidades, y como siempre me gustó la psicología, a los 40 años, cuando mis hijos fueron un poco más grandes, decidí hacer la carrera. Siempre digo que cuando la psicología no existía como ciencia, lo grandes filósofos eran grandes psicólogos», comenta, apasionada por las dos profesiones que eligió para su vida.
Magdalena Reyes Puig vive en la zona de los barrios privados desde mucho antes que se instalaran las urbanizaciones como hoy las conocemos, en lo que era una zona prácticamente rural del departamento de Canelones.

FOTO MAGDALENA REYES PUIG vive en la zona de los barrios privados del departamento de Canelones.

El 2020 en su vida

Este año nos ha sorprendido con una pandemia inesperada que trajo consigo mucho cambios y transformaciones, entre ellas, las rutinas y dinámicas de la vida cotidiana. En este escenario, quisimos saber cómo ha sido este 2020 desde la perspectiva de una filósofa y psicóloga.
«Lo que tiene de particular este año es que se terminaron las rutinas, se terminaron las certezas, no sabemos si nos va a agarrar el virus, cuando nos va agarrar, cuando va a salir la vacuna, etc. La incertidumbre es un lugar donde yo vivo por deformación profesional, porque la filosofía es un estar en la duda permanente, es el ejercicio de la duda. Mi vida cotidiana no ha cambiado demasiado, y por ende, para mí es un poco más de lo mismo. Por otro lado, también me ha traído muchísimo trabajo, nunca en mi vida trabajé tanto como este año, y pienso que eso tiene que ver con la pandemia, porque al perderse muchas certezas y al verse diluidas muchas rutinas, ha hecho que la gente también se haga más preguntas y mire un poco más para adentro, eso en la filosofía es el medio por excelencia para emprender el camino de la introspección», comenta Reyes Puig.
Nos hace notar que «ya había como un auge de la filosofía, por ejemplo con la serie española Merlí, y que en este contexto se profundizó». Si bien como psicóloga le ha aumentado mucho la cantidad de pacientes, desde la filosofía también se vivió un cambio: las mesas de filósofos, programas de televisión, radio, artículos de prensa, son cosas que se le han ido presentando.

Vivir en la incertidumbre

Si bien la palabra incertidumbre tiene una connotación negativa para la mayoría de las personas, nos tomamos esta charla para profundizar en el concepto y abrirnos a un mundo de posibilidades que no siempre somos capaces de percibir. «No es fácil moverse en la incertidumbre, los seres humanos en general necesitamos certezas, y por eso tenemos tanto resquemor ante la duda, porque nos pone en un lugar de inseguridad. El coronavirus ha generado todo eso, y por ello es que ha provocado un impacto psicológico tan grande a tantas personas».
Los medios han divulgado noticias sobre proyecciones de estudios de distintos centros universitarios y de salud que advierten que, incluso pasados los peores momentos de la pandemia, se van a ver intensificados todos los problemas que tienen que ver con la salud mental a causa precisamente de la incertidumbre o como consecuencia de problemas emocionales, familiares o económicos, entre muchos otros escenarios. Al respecto, quisimos saber ¿qué opina esta profesional sobre esos pronósticos? «Trato de seguir la guía aristotélica de siempre buscar el equilibrio. Yo creo que hay muchos pronósticos distópicos y alarmistas que circulan por ahí, lo cual no quiere decir que uno no deba darle a todo este fenómeno la importancia que tiene. Sin duda esto tiene un impacto muy grande y va a seguir teniéndolo a nivel social e individual desde el punto de vista psicológico. De todas maneras, los seres humanos somos animales de costumbres y eso es un gran mecanismo de supervivencia también psicológico, no solamente físico. Frente a los cambios abruptos tenemos mecanismos que nos permiten adaptarnos a las nuevas circunstancias, y eso también compensa un poco este cimbronazo tan fuerte, tan virulento y tan inesperado. Hace poco menos de un año quien iba a decir que íbamos a estar con un virus circulando por el mundo y todos encerrados o con tapabocas, sin poder saludarnos y sin poder viajar. Todo esto se ha suscitado a nivel del mundo entero, y eso también es muy impactante; pero las personas tenemos esa capacidad, hay que tener en cuenta que se vienen tiempos difíciles, pero también hay que apostar a la capacidad humana para superarse y para adaptarse. En lo personal, esas cuestiones alarmistas de que se viene, poco menos que un caos, no creo que sean de ayuda, porque la vida es cambio y si no podemos adaptarnos a eso no sobrevivimos. Hay que apostar más a las fortalezas y no tanto a las debilidades, tenerlas en cuenta, por supuesto, observarlas, no negarlas, conocerlas, pero después apuntar y subrayar las fortalezas», sostiene Reyes Puig en respuesta a los pronósticos mencionados anteriormente.

Libertades y derechos individuales

En cuanto a las libertades y los derechos individuales, hemos visto como los protocolos sanitarios para la prevención del virus han generado una nueva forma de compartir nuestros espacios, de interactuar con otras personas y de vivir el mundo de una forma distinta a la que estábamos acostumbrados. Uruguay ha apostado bastante a la libertad responsable, pero vemos otros países donde se han impuesto medidas de aislamiento bastante más severas, incluso con multas o solicitud de permisos para salir o hacer determinadas actividades. Estas nuevas reglas de convivencia y las situaciones que generan, nos llevan a preguntarnos ¿dónde está el límite entre prevención sanitaria y pérdida de derechos o libertades individuales? Magdalena plantea su visión. «Creo que eso depende de cada cultura. Hay culturas que son más individualistas y otras que tienen más sentido del bien común. Si sos parte de una cultura asentada en el valor del bien común, lo que importa es el bien de todos, como condición indispensable para el bien individual (el bienestar o la libertad individual). Las personas regidas por esa lógica y esos valores, no van a tener tantos problemas en ceder sus libertades si eso significa un beneficio para el bien de la comunidad. Bajo esa óptica y ese sistema de valores, uno no es feliz si no está en un contexto donde no se goza del bienestar común. Por otro lado, desde una perspectiva más individualista, como la nuestra y en general de todas las culturas occidentales muy asentadas en los derechos y las libertades individuales, es más difícil que los individuos cedan esas libertades, porque no hay tanta consciencia de la importancia del bien común. Entonces la felicidad o el bienestar, que es lo que todos buscamos y queremos (tener una buena vida, ser felices, vivir bien), está mucho más asociado a que yo como individuo pueda gozar de la libertad, para tener la vida que quiero, dedicarme a la profesión que quiero, usar tapabocas si quiero y si no quiero no. Todo eso se asienta en que lo más importante es lo que yo elija para mí. La respuesta a esa pregunta va a ser totalmente diferente dependiendo del contexto. Es una pregunta que implica otras respecto a los valores relativos a cada cultura. ¿Qué vale más: el bienestar común o la libertad individual? ¿Qué es más importante: el individuo o la comunidad? ¿Puede un individuo gozar de bienestar y ser feliz en una comunidad que no goza de bienestar? ¿Puedo yo ser feliz aunque tenga todo, estando en un contexto donde la gente está mal y está enferma, donde hay pobreza e inseguridad? Por más de que yo tenga todo lo que quiero, esté sano, viva en una fortaleza y me mueva yendo y viniendo como quiero ¿es posible eso? Creo que como seres sociales que somos, si no hay un cierto grado de bienestar en el entorno, por más de que yo pueda satisfacer todos mis deseos, no voy a ser feliz. La felicidad humana es siempre compartida porque somos animales sociales, entonces no hay felicidad si yo no puedo compartirla de alguna manera con otros», sentencia Reyes Puig.

FOTO MAGDALENA REYES PUIG

El mundo para las nuevas generaciones

Los más jóvenes y los más pequeños están experimentando un mundo donde lo normal es mantener la distancia social y un escaso contacto con el entorno más allá de sus círculos familiares o más cercanos. Desde su óptica y mirando hacia el futuro le preguntamos ¿cómo puede impactar esto? «Es una pregunta difícil de responder. Por ejemplo los niños tienen una gran virtud y una gran cualidad que es la plasticidad emocional y psicológica, no es solamente una plasticidad neuronal. Ellos se adaptan a las circunstancias. Creo que es imposible realmente que el ser humano pueda subsistir sin ese contacto. Sin dudas, esta circunstancia nos fuerza a cuidarnos de y con los otros, pero no creo que esto pueda ser una constante muy a largo plazo. Para los latinos que somos muy de abrazarnos y besarnos —cosa que en otras culturas no es tan común— es posible que se genere algún cambio en ese sentido, y quizá nuestros niños cuando sean adultos se van a parecer más a los anglosajones. Se puede dar un cambio a nivel de la conducta y de las costumbres, de cómo nos saludamos y como nos conectamos, pero el contacto con los otros significativos, familiares, amigos, no se va a perder nunca, porque el ser humano lo necesita. De hecho, actualmente, dentro de las familias nunca se perdió ese contacto, es imposible perderlo. Hay culturas que tienen mayor propensión al contacto que otras, y ahí sí se pueden dar cambios, pero yo personalmente no lo percibo como un problema potencial». Magdalena Reyes Puig ve al coronavirus como un cimbronazo que tiene sus consecuencias negativas y también tiene aspectos positivos. «La palabra crisis en chino tiene la connotación de oportunidad, y esta crisis representa una oportunidad para muchas cosas, el tema es que nosotros estemos abiertos a ver las oportunidades que el coronavirus nos está mostrando», reflexiona.

Covid-19 y teorías conspirativas

Todos hemos escuchado o leído sobre teorías que intentan explicar el fenómeno Covid-19 desde el negacionismo, responsabilizando a organizaciones, gobiernos, corporaciones y personas. Aprovechando nuestra charla con Magdalena quisimos saber su opinión acerca de este costado del fenómeno que tiene que ver con el acceso y el manejo de la información. «Frente a ese dilema yo me mantengo en la postura filosófica por excelencia: no sé. Precisamente cuando te hablaba de la incertidumbre, esta es una de ellas y tiene que ver mucho con este mundo globalizado, donde las opiniones y la información circulan con una rapidez fenomenal. Por un lado está bueno que la información se haya democratizado, pero por otro lado, estamos expuestos a todo tipo de noticias y ese bombardeo hace muy difícil que uno pueda formarse una opinión fundamentada», concluye Reyes Puig. Con respecto a estas versiones o teorías conspirativas, nos plantea «en realidad ¿podemos saber si el virus apareció de un murciélago y la sopa que se tomó el chino o si fue creada en un laboratorio en Wuhan y que por un error humano alguien del laboratorio se infectó y así empezó el contagio? ¿Es un error, una casualidad o es una estrategia maquinada por los súper poderes? ¿Podemos saberlo? No, no podemos. Si bien me parece hasta inútil hacerme esa pregunta, reconozco que me la hago, obviamente no sigo buscando porque entiendo que no se puede saber. Lo que sí me cuelga, y me quema la cabeza, es que vivimos en un mundo donde a cualquier ser humano medianamente coherente no le extrañaría, ni le parecería descabellado, que exista gente capaz de desparramar un virus generando este caos sanitario, económico, social y psicológico en la humanidad», concluye Magdalena, seguramente haciendo un razonamiento más que común para la mayoría de las personas en estos tiempos que corren.

¿Qué nos va a dejar de positivo el 2020?

«Un gran aprendizaje, pero depende de cuan dispuestos estemos cada uno de nosotros a encontrar en esta pandemia la oportunidad. Un gran aprendizaje de las cosas que son importantes, como el valor de la familia, y que nos permite rever esto de ir como en piloto automático dando las cosas por sentadas», eso es para esta filósofa y psicóloga, lo más positivo que podemos sacar del 2020. Agrega que es también una oportunidad para «aprender a vivir en la incertidumbre, aprender a dudar, pero no en un sentido conspirativo, sino a dudar de esas verdades que se presentan como indiscutibles con las que voy por la vida sin cuestionarlas demasiado. El coronavirus no va a hacer nada por sí mismo, los que transformamos el mundo y nos transformamos a nosotros mismos somos nosotros», sentencia categóricamente Magdalena.

El aporte de la filosofía a la vida de las personas

Magdalena Reyes Puig se desempeña como docente tanto a nivel universitario como en clases y talleres propios. En tiempos donde pareciera que la introspección y el análisis son poco valorados, queremos conocer ¿cuál es su vivencia y cómo percibe la experiencia de sus alumnos? «La búsqueda de la filosofía es la búsqueda del sentido de las cosas. Son las grandes preguntas que no tienen respuesta definitiva y que siempre están de alguna manera latiendo dentro de nosotros. ¿Soy libre? ¿Qué es el amor? ¿Qué es o qué significa la muerte? ¿Qué es la angustia que siempre nos acompaña como de trasfondo? La filosofía es el medio por excelencia para poder plantearse esas preguntas. Cuando tú haces filosofía lo más importante es la pregunta. Vivimos en un mundo donde hacer preguntas no está demasiado bien visto, lo que es bueno es dar respuestas y la gente necesita hacerse preguntas porque ellas nos constituyen: no hay respuestas sin preguntas. Y dentro de esas interrogantes, algunas son urgentes, yo puedo vivir mi vida sin saber lo que es la física cuántica o cómo se hace un balance contable, pero dudo que alguien en su vida no se haya preguntado más de una vez esas cuestiones o no haya sentido inquietud por los temas que abarca la filosofía», responde.
Entre la gente que va a sus clases, la reacción depende del ámbito. En la facultad van porque tienen la materia, pero quien va a sus talleres o a las clases que da, va en busca de un espacio donde poder cuestionar o preguntar sea algo bueno. «En ese sentido, la filosofía es una oportunidad en un mundo en el que cada vez se valora menos la pregunta y el pensamiento crítico, es ir encontrando el sentido en el ejercicio de la razón. A partir de la pregunta, que es el ejercicio racional y filosófico, se van abriendo puertas. Para las preguntas filosóficas nunca hay una sola respuesta, pero tienen que ser comprensibles y significativas; yo puedo no estar de acuerdo con lo que decís, pero sí puedo entender tu argumento si está bien razonado y fundamentado. Eso es muy enriquecedor también, porque te abre el horizonte de significados: empezás a poder pensar, concebir y entender diferentes perspectivas». Según nos cuenta, en la gran mayoría de las personas se nota un antes y un después de la experiencia, y la gente se lo dice. «La filosofía te cambia la vida, te libera aunque también te incomoda. El cuestionamiento genera incomodidad, pero es sumamente liberador. Como dice el filósofo Baruch Spinoza “el ejercicio racional de la filosofía te habilita a la comprensión”. La comprensión es una virtud fabulosa que le hace mucha falta a este mundo, porque yo puedo no estar de acuerdo con el otro, pero comprenderlo, entender porque piensa como piensa, entonces mi pararme frente al otro es totalmente diferente, dejás de moralizar en términos de bueno o malo», agrega. Según nos explica Reyes Puig, la comprensión es también un ejercicio de tolerancia elegida, razonable. «Lo que no es razonable, no necesariamente es tolerable, hay ciertas cosas que no se deben tolerar, porque si lo hacemos somos como dice Nietzsche, unos “omnicontentos” que vamos por la vida como que todo nos da lo mismo. Volvemos al ejemplo de Aristóteles del punto de equilibrio: no al exceso ni a la falta de tolerancia, la tolerancia justa», explica.

FOTO MAGDALENA REYES PUIG

Un día típico en la vida de Magdalena Reyes Puig

Le pedimos a Magdalena que nos contara cómo es un día cualquiera en su vida. «Me levanto temprano, a veces sola, otras enojada con el despertador, pero siempre temprano. Me tomo mi café con leche que me encanta, me doy un baño y me voy de casa. Voy a mi estudio, tengo mis clases, atiendo a mis pacientes, y en el medio de mi día de lunes a viernes —y a veces también los sábados— me tomo mi hora de silencio. Es una hora fundamental para mí, es como mi motor, sin ese paréntesis no podría trabajar. Sin música, sin celular, sin gente hablándome, “yo y mi “ empiezan a dialogar, Ejercito eso que Platón llamo “el silencioso diálogo del alma consigo misma”. En esa hora se me aparecen intuiciones de muchas cosas respecto a mis trabajos, de casos de pacientes, de ideas para artículos o para la charla o clase que voy a dar. Finalizo mi jornada y llego a mi casa por lo general de noche. No miro televisión nunca, sino tengo nada para hacer estoy con los chicos, con mi marido, ceno, me hago la bolsa de agua caliente y me meto a la cama».
Desde hace 3 años además, Reyes Puig tiene compromisos fijos con medios de comunicación en los que colabora, como FM del Sol donde participa en el programa “Quién te dice” (que va de lunes a viernes), donde hace una columna que se llama “Café filosófico” y se emite cada 15 días, los miércoles entre las 12 y las 13 hs. También escribe todas las semanas para el diario El Observador, en un contrapunto con un bibliotecario inglés, donde él le escribe cartas y ella le contesta. Este espacio sale publicado todos los fines de semana y también se puede leer en la web. Ahora con la pandemia es bastante habitual que la llamen de algún programa de televisión o radio y ha participado de un ciclo de “Mujeres y filosofía” en la sala Magnolio. En general, todas sus actividades de ese tipo se publican en las redes y allí se puede saber dónde estará y cuándo.

Tres aspectos de la sociedad uruguaya

Magdalena Reyes Puig comparte con nosotros tres características o aspectos que percibe en nuestra sociedad. «Es resistente, responsable y se cree menos de lo que es. A la sociedad uruguaya le falta autoestima. Quizá por estar entre Brasil y Argentina, los uruguayos tendemos a vernos como apocados —menos en el fútbol—, y sin embargo, estamos entre dos países que están viviendo un caos, y nosotros estamos haciendo la diferencia», concluye, desde una mirada que nos ayuda a pensarnos, entendernos y tal vez a readecuarnos en medio de la crisis, en búsqueda de la oportunidad.

Publicidad
Ver más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Te sugerimos también

Close
Back to top button
Close
Close