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Deportes a toda hora y con el alma

Pablo Cuevas, el mejor tenista uruguayo, apasionado de los juegos y la vida al aire libre Valijas, raquetas, aviones, torneos. Un regreso a casa que siempre le pareció breve y vuelta a empezar: valijas, raquetas, aviones, torneos. Para Pablo Cuevas, el mejor tenista uruguayo, representó una rutina que cumplió con gusto, de la mano del sueño que siempre persiguió de dedicación profesional a su deporte. De pronto, esa línea de movimiento continuo se frenó y puso en marcha otro mundo que él solo había podido ver casi de pasada.

Cuevas se dio cuenta de la magnitud de la pandemia cuando en marzo llegó a Los Angeles para jugar el Master 1000 de Indian Wells y se encontró que se había suspendido. Regresó al Uruguay esperando volver a competir enseguida, pero la pausa fue por mucho más tiempo del que esperaba: significó el mayor período en Montevideo desde que hizo del tenis su forma de vida hace más de 15 años. Ahora está de nuevo concentra- do en esa mezcla de oficio y pasión que lo lleva a recorrer el mundo, pero estos meses que pasó en casa dejaron muchas enseñanzas.

«Me vino bien esta pausa y saber qué me estaba perdiendo por estar tanto tiempo afuera», aseguró el tenista, horas antes de tomar el avión rumbo a Estados Unidos para un nuevo comienzo.

En realidad, ya había estado lejos de la actividad por un período mayor. «Entre 2011 y 2012 estuve lesiona- do 20 meses y por eso sin viajar a competir. Iba a Salto, pasaba por Montevideo, viajaba a Buenos Aires, en busca de salir adelante y matando el tiempo. Si este período de 2020 sin competencia fue de relajación, aquel fue de mucho estrés por no saber si iba a poder volver a competir por el dolor que tenía», recordó.

Nacido en la ciudad argentina de Concordia en 1986, desde niño vivió en Salto y a todos los efectos es uruguayo. Comenzó a jugar en el club Remeros de esa ciudad: para hacerlo, cruzaba el río Uruguay en kayak. En 2003 ganó su primer partido en un torneo de Future y su primer punto en el ranking de la Asociación de Tenistas Profesionales, paso inicial de una trayectoria que lo llevó al mejor puesto histórico de un uruguayo en ese escalafón mundial (19°) y a la mayor cantidad de títulos individuales (seis), sumados a nueve en dobles y 26 en challengers. Además, fue campeón de dobles en Roland Garros 2008, junto al peruano Luis Horna: el primer tenista masculino uruguayo en conquistar un título del Grand Slam y la primera dupla sudamericana en lograrlo. En 2015 y 2016 fue el mejor jugador latinoameri- cano del circuito. Por supuesto, presencia constante en los equipos celestes por la Copa Davis. Y participó en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Junto a Alfonsina, de seis años, y Antonia, de tres, hizo muchas cosas que nunca podía hacer

Hora de hacer otras cosas

Toda esa trayectoria quedó en pausa a partir de marzo pasado. «Los primeros 15 días dejé todo entrenamiento. Y cuando vi que el tema iba para largo, empecé a disfrutar de ese descanso, disfrutaba de no hacer nada. Estar junto a mis hijas, hacer otras cosas…», contó.

Junto a Alfonsina, de seis años, y Antonia, de tres, hizo muchas cosas que nunca podía hacer: «Las ayudé con los deberes que les encargaban por zoom. También jugamos a muchas cosas. Por ejemplo, hicimos juntos un rompecabezas de 5.000 piezas, que llenó toda la mesa del comedor. Salimos en bicicleta, llevando a la más chica en el canastito, por dentro y por fuera del barrio», recordó. «Y también agarré el auto y nos fuimos todos para afuera».

«Me encantan las actividades al aire libre. Uno se desconecta de los problemas cotidianos y se
conecta con la naturaleza. Me atrapa muchísimo», destacó. Esa fue una de las razones que lo llevó
a instalarse en Viñedos de La Tahona: «Vivíamos con mi esposa Clarita en un apartamento pero
queríamos algo más grande. Como mis actividades no son por el Centro ni en Pocitos, podíamos venirnos a esta zona. Tenemos el aeropuerto relativamente cerca, mejor todavía. Y más cerca para irnos al este también. Por supuesto, el tema de la cercanía con la naturaleza es clave. Escuchar el canto de los pájaros, el silencio en otros momentos. La tranquilidad de que las niñas pueden andar por acá. El colegio está cerca. Y encontramos un grupo espectacular de vecinos, con hijos de la misma edad que los nuestros. Estoy muy contento de vivir acá, luego de hacerlo en Buenos Aires esto es otra cosa».

Como deportista de alma, se siente atraído por una larga serie de actividades. Por ejemplo, en estos meses hizo fútbol con gente de la zona. «Se armó un Uruguay-Argentina en las canchas de por acá que se volvió un clásico los domingos de mañana», aseguró. Viajó junto a su familia rumbo al este para practicar surf, otra de sus pasiones. Y también pescó, una vieja afición que trajo desde su infancia en Salto.

«La pesca me gusta desde muy chico –aseguró–. Mi abuelo se lo enseñó a mi padre y entre los dos me enseñaron a mí. Luego hice un grupo de amigos con los que pesco. Empecé en Salto, en el río Uruguay y también en algún arroyo y tajamares. Y cuando me hago una escapada para allá, siempre pesco. Con mi entrenador de Salto, Felipe Macció, con quien viví un tiempo en Santa Lucía del Este, comencé a pescar también en el mar. Hace poco también pesqué con amigos en la zona del río Negro. He iniciado a las nenas y seguramente me acompañen durante el verano en Punta del Este. Me gusta el pescado, pero no he tenido tiempo para aprender a cocinarlo. Claro que en un noventa y nueve por ciento de los casos hago pesca deportiva, así que saco y devuelvo al agua. Pero a veces sacamos algún dorado, alguna corvina con muy buena pinta, y lo llevo para que alguien lo cocine».

Las vacaciones obligadas también trajeron una afición nueva, el golf. Hacía tiempo que había decidido aprender a jugar, pero era un proyecto para más adelante. Sin embargo, la oportunidad se adelantó. «Viviendo en esta zona, con las canchas a mano, me empezó a interesar. Es un deporte en el que se compite mucho contra uno mismo, tiene ese atractivo. Una vez, antes de la pandemia, salí a la cancha con una pareja de argentinos. Él es profesor de golf y me explicó las nociones básicas. Con eso ya me picó el bichito. En estos meses de 2020 comencé a jugar con un grupito de amigos, más para divertirme que para perfeccionar- me. Todavía no saqué handicap, tengo que mejorar un poco más para hacerlo. Dicen que los tenistas tienen ciertas ventajas cuando aprender a jugar al golf, pero eso lo dicen los que no juegan al tenis, je… Hay cierta ayuda, al pasar el peso del cuerpo, la distancia del palo con la pelota, que puede compararse con la de la raqueta a la pelota, pero hay cosas que son muy diferentes», explicó.

Hora de volver al tenis

Por supuesto, el tenis también regresó a sus horas. Poco a poco comenzó a moverse. Primero fueron ejercicios en su casa. Después, trabajo aeróbico en el barrio. Y empezó a jugar al tenis dos o tres veces por semana, contra amigos, antiguos compañeros de los 12, los 14 años. Lo hacían en la cancha particular de un conocido, porque todos los clubes estaban cerrados en aquel momento. Llegó a jugar un poco en la cancha de la Scuola Italiana, pero también cerró. Y paulatinamente aumentó la frecuencia de esos partidos con amigos. Por fin, retomó los entrenamientos para reintegrarse a la competencia, la rutina de tantos años que para él es un rito feliz.

«Me encanta lo que hago y nunca tuve problemas para viajar e incluso para vivir en otro país. Por ejemplo, viví diez años en Buenos Aires, porque sabía que ahí podía entrenar mejor. Y no tuve
problemas. Siempre tuve claro que soy un privilegiado al poder hacer lo que me gusta, vivir de eso y luego de años poder seguir en el circuito», explicó.

Habitualmente compite entre seis y ocho semanas seguidas y vuelve al Uruguay por entre siete y diez días. Y se toma vacaciones en noviembre, porque en diciembre ya arrancan los torneos de una nueva temporada. Desde los 16, 17 años, nunca había parado más de 15 días, con excepción de 2018 y la lesión de 2011-2012.

«Por lo general, no tenía drama para viajar y estar afuera –explicó–. Pero en 2018 sufrí el primer bajón. El último semestre me costó. Había tenido una lesión y cuando llegué al aeropuerto, pregunté si había pasaje para dentro de cuatro o cinco días. Siempre viajaba con tiempo, para preparar bien cada torneo. Pero esa vez me fui a último momento, llegué sobre la hora al torneo y perdí en primera ronda. Ese segundo semestre sentí un poco el cansancio. Había perdido algo de ese apetito competitivo. Entonces me tomé un descanso un poco más largo de lo habitual, un mes entero. Y en 2019 volví a competir con más energía».

Incluso se armó un esquema para poder ver a su esposa y sus hijas también durante esos periplos. «Alfonsina en sus primeros tres años viajó mucho, estuvo más del 80% del tiempo de competencias con nosotros. Antonia no viajó tanto. Lo que hicimos última- mente fue que ellas estuvieran conmigo unos 15 días en la mitad de la campaña. Así, nadie extraña ni se cansa. Estamos cuatro o cinco semanas sin vernos al principio y al final de cada uno de mis viajes. Es la dinámica que encontramos y ha funcionado», contó.

A mediados de agosto partió de nuevo hacia Estados Unidos, rumbo al Master 1000 de Cincinnati y al US Open, ambos en el tradicional escenario del Abierto, Flushing Meadows en Nueva York. El protocolo en este caso era hacerse un hisopado y quedarse encerrado 24 horas en su habitación del hotel. Recién cuando le dieran el resultado, si era negativo, podía empezar a moverse, reservar canchas para entrenar. Más tarde, la actividad continuaba en Europa, con un calendario alterado y comprimido por la pandemia, pero con la vista puesta en los grandes certámenes sobre polvo de ladrillo, Roma y Roland Garros.

«Ahora mi objetivo es mejorar en el ranking y disfrutar más de estos años que me queden de competencia”, adelantó. Eso significa que su familia lo acompañe más, hacerse un poco más de tiempo para recorrer los lugares donde va a jugar, no sentir tanta presión en los parti- dos. “Por supuesto, eso no quiere decir que no me va a importar ni que me vaya a esforzar menos en los partidos. Pero creo que enfocarlo así me va a permitir extender más mi carrera. Hay momentos para meter todo en la competencia y otros para disfrutar el camino», destacó.

De la misma forma, no tiene fecha para el retiro: «Quiero seguir jugando unos cuantos años más, porque me encanta hacerlo. Va a depender de mi físico, del ranking que logre mantener y de los torneos que me permita jugar», sostuvo.

«Tengo claro que cuando llegue ese día de despedir- me, me voy a tomar un tiempo para descansar del trajín de tantos años. Tengo muchas ideas para ese momento, que tengo que ordenar. Algunas vinculadas al tenis, por supuesto. Puede ser desde adentro de la cancha o desde afuera, en la organización de torneos. Hace ocho años formo parte de un fondo de inversión que tiene participación en varios sectores, y ahora pude involucrarme bastante ya que en estos años, salvo algún caso puntual, no había podido. Soy bastante inquieto, me gusta hacer de todo un poco», afirmó.

PELOTEO

¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS JUGAR LA COPA DAVIS POR URUGUAY?

EMOCIÓN.

¿QUIÉN ES EL MEJOR TENISTA HOY?

HAY QUE MIRAR EL RANKING, NO MIENTE: NOVAK DJOKOVIC.

¿A QUÉ TENISTA ADMIRABAS CUANDO COMENZASTE A JUGAR?

GASTÓN GAUDIO. ME GUSTABA LA MEZCLA DE SU LOCURA Y TALENTO.

¿CUÁL FUE TU MAYOR TRIUNFO?

SOBRE RAFA NADAL, EN RÍO 2016.

¿CUÁL ES EL TORNEO QUE MÁS TE GUSTA JUGAR?

ROLAND GARROS.

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